Guatemala presentará ante el Congreso la Ley Antipandillas, marcando un paso decisivo contra el Crimen Organizado.

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En un esfuerzo por fortalecer la seguridad nacional y erradicar la influencia de las pandillas en el territorio guatemalteco, el presidente Bernardo Arévalo anunció este lunes la presentación inmediata de dos iniciativas de ley al Congreso de la República.

Estas propuestas, centradas en ajustes al sistema de penas y una normativa específica contra las pandillas, buscan implementar medidas drásticas que incluyen la construcción de una cárcel de máxima seguridad exclusiva para miembros de estructuras criminales, así como el endurecimiento de sanciones por delitos como la extorsión y la usura.

Durante la conferencia de prensa «La Ronda», transmitida desde las instalaciones del Ministerio de Gobernación, Arévalo enfatizó que estas reformas representan «la primera ley antipandillas en la historia de Guatemala».

El mandatario, acompañado por el ministro de Gobernación, Francisco Jiménez, y la viceministra de Seguridad y Antinarcóticos, Claudia Palencia, detalló que las iniciativas serán entregadas al Legislativo esta misma semana, con el objetivo de proporcionar herramientas legales más efectivas a la Policía Nacional Civil (PNC), el Ministerio Público y el Organismo Judicial.

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Entre las medidas clave destacadas por las autoridades se encuentran:

  • Aumento de penas: Las sanciones por extorsión pasarían de un máximo de 8 años a 15 años de prisión, eliminando medidas sustitutivas como el arresto domiciliario para estos delitos. Se incluyen también agravantes por obstrucción extorsiva del tránsito y usura, con expulsión inmediata de extranjeros convictos.
  • Cárcel de máxima seguridad: Un centro penitenciario especializado para pandilleros condenados, equipado con vigilancia extrema: grabación total de áreas comunes y visitas, aislamiento prorrogable hasta 30 días a discreción del director del Sistema Penitenciario, y protocolos para prevenir comunicaciones internas con el exterior.
  • Reformas procesales: Modificaciones al Código Procesal Penal para agilizar investigaciones y juicios, junto con la inhabilitación de cuentas bancarias usadas en actividades ilícitas, como el cobro de «renta» a través de transferencias.

Palencia subrayó que estas acciones responden a la creciente incidencia de violencia ligada a pandillas como el Barrio 18 y la Mara Salvatrucha, exacerbada recientemente por designaciones de Estados Unidos que clasifican a estas estructuras como organizaciones terroristas.

«Hemos visto cómo las pandillas operan incluso desde prisión, extorsionando y coordinando crímenes. Esta ley les cortará las alas», afirmó la viceministra. El ministro Jiménez, por su parte, llamó a la unidad nacional: «El Congreso, el sistema de justicia, la cooperación internacional, el sector privado y la sociedad civil deben sumarse. Hace seis meses enfrentamos un pico de homicidios; respondimos con contundencia, y hoy Guatemala despierta a una seguridad compartida». Recordó la reciente graduación de la promoción más grande de la PNC, con miles de nuevos agentes desplegados en las calles.

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El anuncio llega en un momento crítico para la seguridad guatemalteca. En los últimos meses, el país ha registrado un repunte en extorsiones y homicidios atribuidos a pandillas, con zonas como la 18 de la capital aún bajo fuerte influencia criminal. Previamente, el 2 de octubre, una mesa técnica en el Congreso evaluó reformas a cinco leyes existentes, incluyendo la Ley Contra la Delincuencia Organizada (Decreto 23-2009), pero sin avances concretos hasta ahora.

En redes sociales y medios regionales, la propuesta genera comparaciones con el «modelo Bukele» de El Salvador, donde la creación del Centro de Confinamiento del Terrorismo (CECOT) y leyes similares han reducido drásticamente los homicidios. Usuarios en X (anteriormente Twitter) celebran el giro, con mensajes como «Guatemala busca replicar el éxito salvadoreño» y llamados a declarar a las pandillas como «terroristas».

Sin embargo, analistas advierten sobre riesgos constitucionales, como el equilibrio entre seguridad y derechos humanos, recordando debates pasados en 2020 donde se rechazó tipificar pandillas como terroristas para evitar ilegalidades.

Organizaciones civiles y el sector empresarial han expresado apoyo cauteloso, exigiendo transparencia en la implementación para evitar abusos. Mientras tanto, Arévalo, en vísperas de su cumpleaños 66, reiteró su compromiso: «Los guatemaltecos quieren vivir en paz; estas leyes son soluciones concretas contra quienes liberan delincuentes una y otra vez».

El Congreso, con sesiones programadas para esta semana, será el árbitro final. Si se aprueban, estas reformas podrían transformar el panorama de seguridad en Guatemala, alineando al país con estrategias regionales contra el crimen transnacional. La ciudadanía espera resultados tangibles en un contexto donde la violencia pandillera sigue cobrando vidas y extorsionando economías locales.

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