Ladrones se llevan joyas de la época de Napoleón de «valor inestimable», del Museo del Louvre en Francia.

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En un golpe maestro que evoca las novelas de intriga criminal, cuatro ladrones enmascarados irrumpieron este domingo en el Museo del Louvre, el más visitado del mundo, y robaron ocho piezas de joyería histórica pertenecientes a la era napoleónica, descritas por las autoridades como de «valor inestimable».

El atraco, que duró apenas siete minutos, ha dejado al mundo del arte en shock y ha impulsado una cacería policial a gran escala.El incidente ocurrió alrededor de las 9:30 de la mañana, justo después de la apertura del museo al público. Según el fiscal de París, Laure Beccuau, los perpetradores –desarmados pero armados con amoladoras angulares– utilizaron una grúa elevadora para ascender por la fachada del edificio y romper una ventana en la planta superior.

 Una vez dentro de la icónica Galerie d’Apollon, una de las salas más ornamentadas del Louvre encargada por Luis XIV, forzaron dos vitrinas y se apoderaron de las preciadas reliquias antes de huir en motocicletas. No se reportaron heridos, pero el museo fue evacuado de inmediato y permanecerá cerrado al menos hasta el martes para permitir las investigaciones.

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Entre los objetos sustraídos destacan piezas de inigualable valor histórico y sentimental: un collar de esmeraldas y diamantes que Napoleón Bonaparte regaló a su segunda esposa, la emperatriz Marie Louise; un diadema de zafiros, un collar y un pendiente pertenecientes a las reinas Marie-Amélie y Hortense del siglo XIX; un broche reliquiario; un diadema de la emperatriz Eugénie (esposa de Napoleón III); y un broche de corsé imperial.

El Ministerio de Cultura francés confirmó la lista de ocho ítems robados, que forman parte de la colección de joyas reales francesas exhibida en la galería, reabierta en 2020 tras extensas renovaciones. Curiosamente, los ladrones no tocaron diamantes legendarios como el Regent, el Sancy o el Hortensia, custodiados en la misma sala.

En un giro dramático, dos piezas fueron recuperadas cerca del museo: la corona de la emperatriz Eugénie, incrustada con 1.354 diamantes y 56 esmeraldas, y otra joya, aparentemente abandonadas en la huida. Sin embargo, la corona sufrió daños significativos, según el fiscal Beccuau, quien ha abierto una investigación por «robo agravado por una banda organizada y conspiración criminal».

El ministro del Interior francés, Laurent Nuñez, calificó el golpe como «una operación mayor y altamente organizada», destacando que los ladrones habían realizado un reconocimiento previo del lugar. «Amenazaron a los guardias con las amoladoras, pero actuaron con precisión quirúrgica», añadió. El presidente Emmanuel Macron, visiblemente indignado, tuiteó: «El robo en el Louvre es un ataque a un patrimonio que atesoramos porque es nuestra Historia.

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Recuperaremos las obras y los culpables serán llevados ante la justicia». Este no es el primer escándalo en el Louvre: en 1911, la Mona Lisa fue robada por un empleado italiano, y en 1998 desapareció un lienzo de Corot. Críticos como la profesora Magali Cunel cuestionan las medidas de seguridad: «¿Cómo pueden subir en una grúa a una ventana y llevarse joyas en pleno día? Es increíble que un museo tan famoso tenga fallos tan obvios».

El director del Louvre ha prometido reforzar la vigilancia como parte de un plan de renovación inminente, en medio de quejas por hacinamiento y personal insuficiente.Mientras la policía parisina rastrea pistas –incluyendo un intento fallido de incendiar el camión usado en el escape–, el mundo observa con aprensión. Estas joyas no son solo gemas; son fragmentos de la gloria imperial francesa. Su recuperación se antoja una carrera contra el tiempo en el submundo del arte robado.

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