
Por primera vez en casi dos décadas, Bolivia despierta bajo el signo de un cambio político profundo. Rodrigo Paz Pereira, senador centrista del Partido Demócrata Cristiano (PDC), se proclamó vencedor en la histórica segunda vuelta de las elecciones presidenciales, derrotando al expresidente Jorge «Tuto» Quiroga con un contundente 54,6% de los votos frente al 45,4% de su rival, según el cómputo preliminar del Tribunal Supremo Electoral (TSE) con el 97,86% de las actas escrutadas.
Esta victoria marca el ocaso del Movimiento al Socialismo (MAS), que ha dominado la escena nacional desde 2006 bajo el liderazgo de Evo Morales y, más recientemente, de Luis Arce.Paz, de 58 años e hijo del expresidente Jaime Paz Zamora (1989-1993), irrumpió en la contienda como un outsider. En la primera vuelta del 17 de agosto, obtuvo el 32% de los sufragios, superando expectativas y forzando el balotaje inédito en la historia democrática boliviana.
Su fórmula, junto al ex-policía Edman Lara como candidato a vicepresidente, capitalizó el descontento popular por la aguda crisis económica, la escasez de combustible y las divisiones internas del MAS, que impidieron que su postulante avanzara al duelo final.

En un emotivo discurso ante miles de simpatizantes en Tarija, su ciudad natal y bastión electoral, Paz extendió la mano a la unidad nacional. «No es una victoria mía, sino del país. Bolivia respira vientos de cambio y renovación. Gobernaremos con Dios, la familia y la patria como pilares, abriendo las puertas al mundo y reconstruyendo la confianza interna», declaró el presidente electo, quien asumirá el cargo el 8 de noviembre.
En su mensaje, también agradeció la llamada del subsecretario de Estado de EE.UU., Christopher Landau, señalando su intención de forjar «una relación estrecha» con Washington para impulsar soluciones a la crisis energética y económica.
La derrota del MAS representa el fin de un ciclo transformador pero controvertido. Desde la llegada de Morales al poder, Bolivia experimentó un auge económico impulsado por los hidrocarburos y políticas de redistribución que redujeron la pobreza extrema del 60% al 37%, pero también enfrentó acusaciones de autoritarismo, conflictos étnicos y un estancamiento reciente agravado por la pandemia y la caída de precios de commodities.
El presidente saliente, Luis Arce, felicitó a Paz vía X (antes Twitter), deseándole «los mejores éxitos» en esta «histórica segunda vuelta». Por su parte, Quiroga reconoció la derrota en una llamada telefónica al ganador, enfatizando la madurez democrática del proceso. La elección, observada por 120 enviados de la Unión Europea, transcurrió en un clima de tensión con bloqueos de carreteras y protestas previas, pero sin incidentes mayores en la jornada del 19 de octubre.

Líderes internacionales, como el secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, ya celebraron el resultado, calificándolo como el cierre a «20 años de mala gestión» de la izquierda.
Paz, con su lema «capitalismo para todos», promete un giro hacia políticas de mercado abierto, atracción de inversiones y estabilización del dólar paralelo, en un país donde la inflación supera el 5% y el desabastecimiento de gasolina paraliza el transporte diario.
Mientras las calles de La Paz y Santa Cruz se llenan de banderas tricolores en celebración, la pregunta que flota en el aire es si este «viento de cambio» logrará unir a una nación polarizada. Para los bolivianos, el 8 de noviembre no solo inicia un nuevo mandato, sino el amanecer de una era incierta pero cargada de esperanza.



