
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, fue recibido este lunes con honores por el emperador japonés Naruhito en el Palacio Imperial de Tokio, marcando el arranque de una visita oficial que busca reforzar los lazos bilaterales en medio de tensiones comerciales y de seguridad regional.
La reunión, descrita por la Casa Blanca como una «visita de cortesía», duró aproximadamente media hora y se enmarcó en la segunda escala de la gira diplomática de Trump por Asia, tras su paso por Malasia.
Trump, quien llegó al aeropuerto de Haneda tras un vuelo de seis horas, sobrevoló la capital japonesa en helicóptero antes de dirigirse en caravana al Palacio Imperial. «Hola, qué bueno verte», saludó amistosamente el mandatario estadounidense al emperador, en su segundo encuentro bilateral.
El primero ocurrió en mayo de 2019, cuando Trump se convirtió en el primer líder extranjero en reunirse con Naruhito, poco después de su ascensión al trono tras la abdicación de su padre, el emperador emérito Akihito. «Es un gran hombre», elogió Trump sobre Naruhito al término del coloquio privado, según reportes de la cadena estatal NHK.


La bienvenida fue un despliegue de protocolo imperial: Naruhito salió personalmente a recibir al huésped en las dependencias del palacio, un edificio de acceso restringido donde ambos intercambiaron apretones de manos y gestos de cercanía, con Trump tocando el brazo del emperador en varias ocasiones. La capital japonesa se engalanó para la ocasión, iluminando sus monumentos con los colores de la bandera estadounidense, mientras la NHK interrumpía su programación para transmitir en directo la llegada de la comitiva presidencial.
Esta visita, la cuarta de Trump a Japón como presidente, adquiere relevancia en el contexto de la nueva era política nipona. El martes, el líder estadounidense se reunirá con la recién electa primera ministra Sanae Takaichi, figura conservadora que asumió el cargo hace apenas semanas.
La agenda bilateral priorizará temas como el comercio –con énfasis en reducir déficits arancelarios–, la defensa contra amenazas regionales como China y Corea del Norte, y posibles inversiones en tecnología y energía. Más tarde, Trump visitará una base militar estadounidense al sur de Tokio para pronunciar un discurso a bordo de un portaviones, reafirmando el compromiso de Washington con la alianza nipona.

El emperador Naruhito, de 65 años y símbolo de continuidad en una monarquía milenaria que renuncia a cualquier rol político desde la posguerra, representa la tradición en un Japón que navega desafíos modernos, como la sucesión imperial limitada a varones. Bajo la Constitución de 1947, redactada bajo influencia estadounidense, el emperador actúa como figura ceremonial, pero encuentros como este subrayan la solidez de las relaciones entre las dos naciones, aliadas clave en el Indo-Pacífico.
La gira de Trump por Asia, que incluye paradas en Malasia y posibles extensiones a otros países, busca contrarrestar la influencia china en la región, en un momento de renovada tensión geopolítica. Mientras tanto, en Tokio, la visita evoca el legado de 2019, cuando Trump y Naruhito compartieron momentos simbólicos que fortalecieron la «amistad especial» entre ambos países.



