
El huracán Melissa, uno de los más potentes registrados en la cuenca atlántica, tocó tierra en Jamaica el martes como un monstruoso ciclón de categoría 5, dejando un rastro de devastación que ha llevado al primer ministro Andrew Holness a declarar al país entero como zona de desastre.
Con vientos sostenidos de hasta 185 millas por hora (297 km/h), el temporal se convierte en el más fuerte en impactar directamente la isla en su historia moderna, superando incluso al huracán Gilbert de 1988. El ojo del huracán hizo landfall cerca de New Hope, en la parroquia de St. Elizabeth, alrededor de la 1 p.m. ET del 29 de octubre, azotando la costa sur con marejadas ciclónicas de hasta varios metros de altura, vientos destructivos y lluvias torrenciales que provocaron inundaciones catastróficas.
“Las condiciones aquí son devastadoras. ‘Catastrófico’ es un término suave ante lo que estamos observando”, declaró Richard Solomon, alcalde de Black River, la ciudad sureña donde Melissa tocó tierra, en un video difundido por la policía jamaicana.

Hasta el momento, las autoridades han confirmado al menos ocho muertes en Jamaica, incluyendo la trágica pérdida de un bebé al caer un árbol en la zona oeste de la isla, según el ministro de Estado Abka Fitz-Henley. Otras víctimas fatales incluyen cuatro hombres y una mujer en St. Elizabeth, reportadas por la policía local.
Además, tres personas perecieron durante las preparaciones previas al temporal. El Ministerio de Salud ha lanzado un llamado urgente para donaciones de sangre, ya que las operaciones de recolección se interrumpieron en varias parroquias.
La isla enfrenta una crisis inmediata: alrededor del 77% del territorio quedó sin electricidad, con árboles derribados, techos volados y carreteras bloqueadas por escombros en pueblos como Lacovia, Mandeville y Black River.
En Mandeville, el centro de la ciudad fue “aplanado”, con estaciones de servicio destruidas y follaje cubriendo las vías principales. Inundaciones sumergieron barrios enteros, y el gobierno advierte de riesgos de deslizamientos de tierra por las acumulaciones de lluvia, que podrían superar varios pies en las próximas horas. El primer ministro Holness recorrió las zonas afectadas en St. Elizabeth y prometió medidas contra la especulación de precios en alimentos y suministros esenciales. “Debemos mantener la estabilidad, proteger a los consumidores y evitar cualquier explotación en este momento crítico”, enfatizó.

El avance lento de Melissa —movilizándose a menos de 5 km/h— agravó los daños, prolongando la exposición a vientos huracanados y lluvias intensas. Meteorólogos atribuyen su rápida intensificación a aguas caribeñas anormalmente cálidas, un fenómeno ligado al cambio climático que potencia tormentas como esta. Antes de llegar a Jamaica, el huracán causó estragos en Haití y República Dominicana, sumando al menos 23 muertes en Haití —10 de ellas niños— y una en el vecino país, elevando el saldo regional por encima de las 30 víctimas.
La respuesta internacional se activa: vuelos de ayuda humanitaria comenzaron a aterrizar en el Aeropuerto Internacional Norman Manley de Kingston desde la tarde del miércoles, facilitando la evacuación de unos 25.000 turistas varados, según el ministro de Turismo Edmund Bartlett.
El aeropuerto reabrirá parcialmente para vuelos de rescate el jueves. Organismos como la OEA y la ONU monitorean la situación, mientras el Centro Nacional de Huracanes de EE.UU. advierte que Melissa, ahora degradado a categoría 3, continúa hacia Cuba y las Bahamas, donde podría causar más inundaciones y vientos dañinos.

En Jamaica, la red de mujeres productoras rurales, como Tamisha Lee, describe un panorama de ansiedad: “Lluvias intensas, vientos poderosos, cosas volando por todos lados y árboles arrancados. No hay electricidad. El daño será enorme”. Mientras equipos de rescate limpian escombros en Holland Bamboo y evalúan pérdidas agrícolas —cruciales para la economía jamaicana—, la isla se prepara para una fase de recuperación que podría durar semanas.
Holness asegura: “Jamaica se levantará más fuerte”. Pero con el cambio climático avivando estos eventos extremos, expertos llaman a una acción global urgente para mitigar futuras amenazas.



