
Con un lleno total que ovacionó de pie durante minutos interminables, el Ballet Nacional de China, respaldado por la Embajada China en El Salvador, cautivó al público en la segunda función de su gala en el icónico Teatro Nacional de San Salvador.
El escenario, adornado con elegancia neoclásica, se transformó en un portal de gracia y emoción al presentar extractos del segundo acto de El Lago de los Cisnes, la obra maestra del compositor ruso Pyotr Tchaikovsky.
Bajo la dirección artística de Feng Yu, los 40 bailarines del conjunto asiático desplegaron una maestría técnica impecable. El pas de deux principal, interpretado por los solistas Wang Yuanyuan y Zhang Jian, recreó la icónica escena del cisne blanco con una delicadeza etérea que dejó al auditorio sin aliento.




Cada giro, salto y arabesco parecía desafiar la gravedad, fusionando la precisión china con la pasión romántica de Tchaikovsky. La orquesta en vivo, integrada por músicos locales y visitantes, elevó la partitura a cotas sublimes, con violines que evocaban el aleteo de alas y cellos que susurraban amores imposibles.
Esta gala, parte de una gira por América Latina para fortalecer lazos culturales entre China y El Salvador, no solo celebró el ballet clásico, sino que simbolizó la hermandad entre naciones. «Es un honor compartir nuestra tradición con un público tan cálido y apasionado», expresó el embajador chino Zhang Yanhui en el lobby, rodeado de aplausos.
Previamente, el Ballet Nacional de China había encendido el Centro Histórico con un flash mob junto al Ballet Folclórico Nacional de El Salvador en la Plaza Gerardo Barrios, fusionando danzas tradicionales xinka con movimientos contemporáneos, atrayendo a cientos de transeúntes.

El evento, organizado en colaboración con el Ministerio de Cultura de El Salvador, resalta el compromiso bilateral por el intercambio artístico. En un país donde la danza es un puente de identidades, esta visita refuerza los lazos diplomáticos establecidos desde el reconocimiento de China en 2018. Los boletos para la primera función se agotaron en horas, reflejando el creciente apetito salvadoreño por espectáculos de talla mundial.
La ovación final, con flores lanzadas al escenario y lágrimas en los ojos de espectadores de todas las edades, confirmó el impacto: El Lago de los Cisnes no solo voló alto, sino que anidó en el corazón de San Salvador. Próximas giras prometen más colaboraciones, invitando a soñar con un escenario compartido entre Oriente y Centroamérica.



