San Salvador, El Salvador – El telón de las eliminatorias mundialistas se ha cerrado de manera prematura y dolorosa para El Salvador. Tras la derrota 4-0 ante Surinam, el sueño de clasificar al Mundial 2026 ha llegado a su fin. Pero la conclusión va mucho más allá de señalar a un técnico o cuestionar la actitud de los jugadores.

El problema que condena al fútbol salvadoreño es profundo. Es un problema de estructura, no de técnicos.
La Selecta ha firmado un papelón en un lugar donde históricamente se esperaban victorias, evidenciando que el retroceso del fútbol nacional es colosal. Mientras otras naciones de la CONCACAF avanzan, invierten en procesos serios y potencian sus ligas locales o se nutren de talento internacional con experiencia, El Salvador sigue estancado.

Se evidencia una falta de calidad competitiva y un nivel insuficiente de los jugadores para el contexto internacional ¿Cómo avanzar con un modelo de fútbol donde la liga local carece de seriedad? Una liga donde clasifican 8 equipos a la fase final, donde los salarios no se pagan a tiempo, o donde la falta de un compromiso profesional real desmotiva al jugador.


El fútbol salvadoreño está inmerso en un panorama gris. Lo que se necesita no es un nuevo entrenador para apagar un fuego, sino una revolución total que aborde las raíces del problema como la liga, la formación de jugadores y la gestión administrativa.


Por el bien del futuro del fútbol salvadoreño, se requiere que alguien —con la valentía necesaria— impulse un cambio radical y serio, dejando de lado el modelo actual que solo conduce al fracaso sistemático.



