
A las puertas de Milán-Cortina d’Ampezzo 2026, el Comité Olímpico Internacional enfrenta un debate trascendental que podría cambiar para siempre la identidad de las citas invernales. Ante el estancamiento de los ingresos televisivos, que apenas representan un tercio de lo generado por los juegos de verano, figuras influyentes como Sebastian Coe y David Lappartient proponen una revolución total: eliminar la regla que exige que todos los deportes se practiquen sobre hielo o nieve.
Esta iniciativa busca abrir las puertas a disciplinas como el cross-country a pie o en bicicleta, permitiendo que regiones como África tengan una participación más competitiva en esta temporada y diversificando el atractivo comercial del evento.
La propuesta ha generado una fuerte división entre reformistas y puristas. Mientras unos sugieren trasladar al invierno deportes bajo techo como el balonmano o el judo para maximizar audiencias, los defensores de la tradición, liderados por Ivo Ferriani, advierten que tales cambios diluirían el legado y la marca de los juegos de invierno.
Por ahora, la innovación se mantiene dentro de los márgenes clásicos con la inclusión del esquí de montaña y el regreso de las estrellas de la NHL para la edición de 2026. Sin embargo, la presión por revitalizar el formato sugiere que los Alpes Franceses 2030 podrían ser el escenario de una transformación más profunda que trascienda las superficies congeladas para asegurar la supervivencia económica del olimpismo invernal.



