Francia reporta por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial, que murieron más personas de las que nacieron.

Por primera vez desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, Francia ha registrado un saldo natural negativo. Según los datos publicados este martes por el instituto nacional de estadística (INSEE), el país contabilizó 651,000 fallecimientos frente a 645,000 nacimientos durante el año 2025. Este fenómeno marca el fin de una era en la que Francia se posicionaba como la excepción demográfica de la Unión Europea.

Históricamente, el país galo había mantenido tasas de fertilidad y crecimiento poblacional superiores a las de sus vecinos. Sin embargo, el desplome de la natalidad observado tras la pandemia de COVID-19 y el progresivo envejecimiento de la población han erosionado esa ventaja competitiva. Mientras el número de nacimientos continúa en caída libre, la mortalidad se mantiene elevada, reflejando una tendencia que ya afecta profundamente a otras potencias continentales.

Este cambio de paradigma no solo es una estadística social, sino una señal de alarma para el futuro económico del país. El desequilibrio pone en jaque la sostenibilidad de las finanzas públicas y el sistema de pensiones, demostrando que Francia ya no es inmune a la crisis demográfica global. La nación se enfrenta ahora al reto de adaptarse a una realidad donde su población comienza, de forma natural, a contraerse.

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