
El mundo de la música recibe con tristeza la noticia del fallecimiento de «B» o Bibi, la hija cuya existencia fue revelada recientemente como descendiente del icónico Freddie Mercury. A los 48 años, Bibi perdió una valiente batalla contra el cordoma, un tipo poco común de cáncer espinal, apenas cuatro meses después de que el libro Love, Freddie sacara a la luz su historia.
La escritora Lesley-Ann Jones, autora de la obra, confirmó que la relación entre el líder de Queen y su hija fue estrecha hasta la muerte del cantante en 1991. Mercury la llamaba cariñosamente su “trésor” y se cree que le dedicó canciones como «Bijou» y «Don’t Try So Hard». La existencia de Bibi se mantuvo en secreto durante décadas para proteger su carrera como médica y su vida privada en Francia.
Un legado de verdad y lucha
A pesar de la negación de figuras cercanas a Mercury, como Mary Austin, Jones asegura poseer pruebas de ADN que respaldan el vínculo. Antes de morir, Bibi cumplió su última voluntad: contar su verdad y realizar un viaje épico a Machu Picchu con su esposo y sus dos hijos pequeños. Sus cenizas han sido esparcidas sobre los Alpes, simbolizando su reencuentro espiritual con su padre.



