
La Granja de Rehabilitación Pavón se encuentra nuevamente bajo el escrutinio público tras el hallazgo de un segundo túnel subterráneo utilizado como bodega clandestina. Durante una requisa nocturna ejecutada por la Fuerza Élite del Sistema Penitenciario (DGSP), las autoridades desenterraron un cargamento masivo que consistía en más de mil latas de cerveza y 200 botellas de licor diverso, además de teléfonos celulares.
Este hallazgo no es un hecho aislado. Apenas días atrás, un operativo similar reveló otra «caleta» donde no solo se almacenaba alcohol, sino también armas de fuego, granadas, municiones y equipos de internet. La repetición de estos descubrimientos en tan corto tiempo evidencia la existencia de una estructura criminal interna con una capacidad de ingeniería y logística sorprendente, capaz de perforar el suelo de la prisión para ocultar objetos prohibidos.

Un mercado negro institucionalizado
Históricamente, Pavón ha operado bajo un sistema de economías ilícitas donde el alcohol, la tecnología y las armas funcionan como moneda de cambio y símbolos de poder entre los reclusos. El uso de estos túneles sofisticados demuestra un desafío directo a los controles oficiales.
Ante esta situación, la Dirección General del Sistema Penitenciario ha intensificado las inspecciones, buscando desmantelar por completo estas bodegas subterráneas que alimentan el control de las bandas organizadas dentro del penal y ponen en duda la eficacia de los protocolos de seguridad actuales.




