
España vive su jornada ferroviaria más negra en más de una década. Al menos 39 personas han muerto y decenas han resultado heridas —48 de ellas aún hospitalizadas— tras la colisión de dos trenes de alta velocidad en el municipio de Adamuz, Córdoba. El siniestro ocurrió a las 19:39 hora local cuando tres vagones de un convoy de la compañía Iryo, que viajaba de Málaga a Madrid, descarrilaron e invadieron la vía contraria, impactando contra un tren de Renfe que cubría la ruta Madrid-Huelva.
La violencia del choque provocó que varios vagones cayeran por una ladera de cuatro metros, dificultando las tareas de rescate. El jefe de bomberos, Francisco Carmona, describió la situación como «delicada y dura» debido al estado de los restos metálicos.

El ministro de Transportes, Óscar Puente, calificó el evento de «tremendamente extraño», al producirse en una recta con infraestructura renovada. Por su parte, el presidente de Renfe descartó un fallo humano, señalando que el escaso intervalo de 20 segundos entre el descarrilamiento y el choque impidió que los sistemas automáticos de frenado evitaran la catástrofe.
La CIAF ya investiga las causas de este accidente, el más grave desde Santiago 2013. Mientras tanto, el Rey Felipe VI y el presidente Pedro Sánchez han expresado sus condolencias ante esta «noche de profundo dolor».




