
Rusia enfrenta un invierno histórico con temperaturas que han desplomado los termómetros hasta los -55 °C, una situación calificada por los expertos como «excepcionalmente peligrosa». Aunque el país está habituado al frío, la intensidad de este sistema de alta presión ha llevado las infraestructuras al límite, especialmente en las regiones de los Urales y el Lejano Oriente.

Crisis energética en Cheliábinsk
En la región de Cheliábinsk, el frío extremo —con registros inferiores a los -42 °C— ha provocado el colapso de servicios básicos. Varias aldeas han sufrido graves apagones eléctricos; en la localidad de Malinovka, el suministro se interrumpió durante un día entero, obligando a las autoridades a convertir escuelas rurales en refugios de emergencia para proteger a la población de la congelación.

El «Apocalipsis» en Kamchatka
Hacia el este, la península de Kamchatka vive un «invierno del siglo». Ciclones recurrentes han generado un «apocalipsis de nieve» que mantiene el estado de emergencia. Las acumulaciones son tan vastas que alcanzan el séptimo piso de algunos edificios, sepultando casas y vehículos por completo.
- Riesgos mortales: Se han reportado fallecimientos por desprendimientos de nieve desde los tejados.
- Vientos: Rachas de hasta 28 m/s complican las labores de rescate.
- Aislamiento: Muchos ciudadanos se han visto obligados a escapar de sus hogares por las ventanas al quedar las puertas bloqueadas por muros de hielo.
Las autoridades mantienen la alerta máxima ante el riesgo inminente de avalanchas y nuevas interrupciones en la calefacción.



