
La guerra en Ucrania ha alcanzado un punto de máxima tensión paradójica. Mientras delegaciones de Kyiv, Moscú y Washington concluían en Abu Dabi su primera reunión trilateral conocida para buscar la paz, Rusia lanzó durante la madrugada del sábado su mayor ofensiva aérea en lo que va de 2026.
El ataque, que incluyó más de 370 drones y 21 misiles, impactó severamente la infraestructura energética en ciudades como Kyiv y Járkiv. Con temperaturas de hasta -12 °C, miles de ciudadanos han quedado sin calefacción ni agua. El presidente Volodymyr Zelensky informó que los bombardeos afectaron hospitales y zonas residenciales, dejando víctimas mortales y decenas de heridos, en un intento aparente de Moscú por presionar a través del sector energético durante el invierno.

Negociaciones bajo fuego
Pese a la escalada, las conversaciones mediadas por los enviados de la administración Trump —incluyendo a Jared Kushner y Steve Witkoff— continuaron en una segunda ronda a puerta cerrada. El principal obstáculo sigue siendo la soberanía territorial:
- La exigencia rusa: El Kremlin insiste en la retirada total de Ucrania del Donbás.
- La postura ucraniana: Kyiv rechaza ceder estas regiones estratégicas, que forman su «cinturón fortaleza» defensivo.
Aunque el negociador ucraniano Rustem Umerov calificó la mediación estadounidense como un paso hacia una «paz digna», Zelensky se mantiene cauto, subrayando que el éxito dependerá de la voluntad real de Rusia para finalizar una invasión que ya cumple casi cuatro años.



