
El Super Bowl LX, celebrado en el Levi’s Stadium de Santa Clara, no solo coronó a los Seahawks de Seattle, sino que se transformó en una histórica «fiesta latina» liderada por Bad Bunny. Tras una exitosa residencia de 30 conciertos en San Juan, el artista de 31 años trasladó el concepto de “La casita” al escenario más grande del mundo, reafirmando su orgullo cultural y su estatus como el artista más escuchado del planeta.

Un hogar en el escenario: El simbolismo de “La casita”
Más que una simple escenografía, “La casita” —una réplica de una vivienda típica de concreto con techo plano y colores vibrantes— funcionó como el corazón del espectáculo. Este espacio, que evoca los barrios de Puerto Rico, sirvió para denunciar los efectos de la gentrificación y defender las raíces isleñas.
En este set, Benito Antonio Martínez Ocasio estuvo acompañado por una constelación de estrellas. Entre los invitados destacaron el actor Pedro Pascal, quien sintonizó con el músico no solo en su estética de tonos claros, sino en su firme condena a la violencia contra inmigrantes. Junto a ellos, figuras como Jessica Alba, Karol G, Cardi B, Young Miko y Alix Earle dieron vida a una estampa de diversidad y éxito latino.

Un mensaje de amor frente a la crítica
El show de 13 minutos incluyó éxitos como “Tití Me Preguntó”, “MONACO” y “El Apagón”. La emotividad alcanzó su punto máximo cuando Bad Bunny entregó su reciente Grammy a un niño, un gesto que recordó sus propios orígenes. El espectáculo cerró con una poderosa consigna en las pantallas: “Lo único más poderoso que el odio es el amor”.
La presentación incluyó colaboraciones de alto nivel, como Ricky Martin y una aparición sorpresa de Lady Gaga, quien interpretó una versión latina de su éxito de 2025, «Die With a Smile», terminando su acto bailando salsa con el «Conejo Malo».

Impacto político y global
A pesar del aplauso masivo y de que el gobernador Gavin Newsom declaró el «Día de Bad Bunny» en California, el show no estuvo exento de controversia. El presidente Donald Trump calificó el evento como «una afrenta», criticando el uso del español y el estilo del artista. Sin embargo, para la NFL, Bad Bunny representa el puente perfecto hacia la internacionalización del deporte, que en este 2026 llegará a países como México, Brasil y España.
Al finalizar, Bad Bunny recorrió el campo con un balón que rezaba: «Together, we are América», enviando un mensaje de inclusión que resonó mucho más allá del estadio.



