En el dinámico distrito de Meatpacking, la nueva colección otoño-invierno de Carolina Herrera se transformó en un manifiesto de empoderamiento. Wes Gordon, director creativo de la firma, presentó una propuesta que trasciende la estética para convertirse en una oda a las mujeres que sostienen el ecosistema del arte: desde mecenas y galeristas hasta musas.
La pasarela sorprendió al integrar a figuras icónicas como la pintora Amy Sherald y la fotógrafa Ming Smith, quienes desfilaron junto a modelos tradicionales ante la mirada de celebridades como Olivia Palermo y Lauryn Hill. La colección se inspiró en el estilo ecléctico de Peggy Guggenheim, fusionando capas románticas, hombros abullonados y faldas lápiz que exhalan elegancia clásica con un giro contemporáneo.

Detalles y simbología
- Texturas y color: La paleta viajó desde neutros sofisticados hasta estampados de leopardo y motivos florales.
- Arte en la piel: Destacaron lentejuelas doradas inspiradas en la obra de Agnes Martin y botones con forma de calas.
- Celebración: El desfile también conmemoró los diez años de la fragancia Good Girl.
Al cierre, Gordon saludó a una emocionada Carolina Herrera en primera fila, reafirmando que, en tiempos de incertidumbre política y arancelaria, la moda es la «máxima expresión de alegría». La firma reafirmó su compromiso social con la plataforma “Carolina Herrera para las mujeres en las artes”, fomentando becas y visibilidad para nuevas creadoras.



