
El Salvador experimenta un florecimiento comercial en sus comunidades. Según un estudio de Distribución Dinámica, el sector de las tiendas de barrio ha crecido un 23 % en la última década, impulsado principalmente por la mejora en la seguridad ciudadana bajo el Plan Control Territorial y el régimen de excepción.
Paul Steiner, presidente de Conamype, destaca que este auge permite a los ciudadanos invertir sus ahorros sin el temor a la extorsión que antes diezmaba al comercio minorista. Hasta 2025, se registran 85,265 pequeños negocios, incluyendo tortillerías y comedores. Este ecosistema no solo es cultural, sino un motor financiero que mueve $5,000 millones anuales entre ventas directas y distribución.
Puntos clave del fenómeno:
- Liderazgo femenino: El 85 % de estos negocios pertenecen a mujeres.
- Zonas recuperadas: Lugares antes marcados por la violencia, como La Campanera y Popotlán, muestran repuntes de hasta el 375 %.
- Evolución digital: Las tiendas ya no solo venden productos; hoy funcionan como corresponsales financieros y demandan mayor acceso a tecnología e internet.
Sociólogos coinciden en que este dinamismo es la forma idónea de «sanar las heridas de la delincuencia», restableciendo el tejido social y fortaleciendo la economía circular en cada colonia.



