
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y el presidente estadounidense, Donald Trump, han justificado la reciente operación militar conjunta en Teherán como una medida crítica de seguridad nacional. Netanyahu aseguró que el ataque era «inmediato» y necesario para frenar un programa nuclear que, en cuestión de meses, se habría vuelto «inmune» gracias a la construcción de búnkeres subterráneos. Para el líder israelí, el régimen iraní es «irreformable» y mantiene un fanatismo intacto cuyo objetivo final es la destrucción de Estados Unidos.
Por su parte, la administración de Donald Trump ha alineado sus objetivos con los de Jerusalén, buscando no solo neutralizar la capacidad militar y nuclear de la República Islámica, sino provocar un cambio de régimen definitivo. Trump ha sido enfático en la necesidad de «detener a Irán», enviando un mensaje de fuerza global, especialmente dirigido a adversarios como China.
Ambos mandatarios han hecho un llamamiento al pueblo iraní para que aproveche la debilidad del sistema teocrático y derroque al gobierno. Aunque el asesinato del ayatolá Alí Jameneí representa un golpe histórico, Netanyahu sostiene que la meta final es alcanzar una «paz duradera» mediante la eliminación total de la amenaza que representa Teherán para la región y el mundo.



