
Este 3 de marzo de 2016 marca una década de uno de los episodios más oscuros y dolorosos en la historia reciente de El Salvador. Lo que debía ser una jornada laboral ordinaria en el caserío Las Flores, municipio de San Juan Opico, La Libertad, se transformó en una masacre que conmocionó a toda la nación y dejó una huella imborrable en las familias de las víctimas.
Aquel día, un grupo de trabajadores fue interceptado por miembros de estructuras criminales. Entre los fallecidos se encontraban ocho empleados de una empresa de energía eléctrica que realizaban labores de instalación de postes en la zona. A ellos se sumaron tres cortadores de caña, quienes, por azares del destino, se encontraban en el lugar y presenciaron el crimen, convirtiéndose también en víctimas de la violencia desmedida.

El impacto social de este múltiple asesinato fue tal que las autoridades volcaron sus recursos en una investigación exhaustiva. Este proceso culminó en 2017, cuando el sistema judicial dictó una condena histórica de 390 años de prisión para los responsables. Hoy, al cumplirse diez años de la tragedia, el recuerdo de estos 11 trabajadores sigue vivo como un recordatorio del luto que marcó los años mas oscuros de El Salvador.


