
Hoy, 11 de marzo, se cumplen seis años desde aquel día de 2020 en que la OMS declaró oficialmente la pandemia de COVID-19. Lo que parecía una noticia lejana se convirtió en una realidad que congeló el planeta, dejándonos imágenes de ciudades desiertas que parecían extraídas de una película de ciencia ficción.
Recordamos con melancolía y asombro los días de cuarentena estricta. Países como España, Italia y Francia vivieron momentos desgarradores, con sistemas de salud al borde del colapso y silencios sepulcrales en sus plazas más icónicas. En nuestra región, el impacto en Ecuador y Brasil nos recordó la crudeza de la desigualdad ante una crisis sanitaria sin precedentes. China, el epicentro original, marcó el inicio de un aislamiento que pronto se volvió global.
Este hito no solo transformó nuestra salud, sino que reconfiguró la economía mundial y la estructura misma de la sociedad. Aprendimos a trabajar desde casa, a valorar el contacto humano y a entender la fragilidad de nuestra «normalidad». La pandemia dejó cicatrices profundas, pero también una resiliencia renovada. Seis años después, el mundo no es el mismo; somos sobrevivientes de una era que nos enseñó que, ante la incertidumbre, la solidaridad es nuestra mejor vacuna.



