
El Tottenham vivió una de sus noches más negras en la ida de los octavos de final de la Champions League. En una decisión arriesgada y cuestionada, el técnico Igor Tudor sentó al titular Guglielmo Vicario para dar la alternativa al joven checo Antonín Kinský en el Metropolitano. El experimento terminó en una debacle histórica.
Apenas se cumplía el minuto 15 cuando el marcador ya reflejaba un humillante 3-0 a favor del Atlético de Madrid. Kinský, superado por el escenario, quedó retratado en el primer gol tras un error en la salida que aprovechó Marcos Llorente. Tras un segundo tanto de Griezmann —facilitado por un resbalón de Van de Ven—, llegó la sentencia moral para el guardameta: un regalo directo a Julián Álvarez que significó el tercero.
Tudor, visiblemente colérico, no esperó más y ordenó el regreso inmediato de Vicario al campo, retirando a un Kinský desolado que se marchó directamente a los vestuarios entre gestos de frustración. El Metropolitano fue testigo de una decisión técnica tan drástica como inusual, que deja la eliminatoria —y la moral de los Spurs— herida de muerte.



