
El inicio del ciclo agrícola 2026, comprendido entre marzo y mayo, se perfila como uno de los periodos más complejos para Centroamérica y la República Dominicana. Según el Organismo Internacional Regional de Sanidad Agropecuaria (OIRSA), las proyecciones climáticas advierten sobre temperaturas extremas, sequías prolongadas y una transición hacia condiciones neutras del fenómeno ENOS, factores que comprometen la estabilidad alimentaria regional.
Desafíos en el campo y nuevas estrategias
Ante este panorama, los productores han comenzado a modificar sus calendarios tradicionales. En El Salvador, la Cámara Salvadoreña de Pequeños y Medianos Productores Agropecuarios (CAMPO) recomienda retrasar las siembras hasta junio, buscando un invierno más estable. Luis Treminio, presidente de CAMPO, señala que el maíz es uno de los cultivos más vulnerables; el calor extremo debilita la planta y genera mazorcas pequeñas o incompletas, elevando el riesgo de pérdida total ante cualquier ráfaga de viento o tormenta.
A la crisis climática se suman factores económicos críticos: el alto costo de los insumos, el aumento en el alquiler de tierras y la escasez de mano de obra. Esta combinación ha provocado que muchos agricultores reduzcan la superficie sembrada por temor a perder su inversión.

Alerta por plagas y enfermedades
El informe de OIRSA destaca que la humedad irregular y el calor propician la propagación de plagas como la langosta voladora, trips y áfidos. Asimismo, cultivos estratégicos como el frijol, arroz y café enfrentan riesgos por enfermedades fúngicas como la roya y la antracnosis.
Dado que el 40 % de la producción agrícola mundial ya se pierde anualmente por plagas, los expertos instan a fortalecer la vigilancia epidemiológica y adoptar el manejo integrado de cultivos. La apuesta regional para este 2026 se centra en reducir el uso de agroquímicos, potenciar los biofertilizantes y fomentar la cooperación técnica internacional para mitigar los efectos de un clima cada vez más impredecible.



