
En una declaración contundente que sacude el tablero diplomático, el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Irán, Esmail Baghaei, afirmó que las reservas de uranio enriquecido del país son tan sagradas como el propio suelo iraní. El funcionario aseguró que, bajo ninguna circunstancia, este material será transferido a ninguna otra nación, cerrando la puerta a una de las exigencias clave de Washington.
Esta postura surge como respuesta directa a las recientes afirmaciones del presidente estadounidense, Donald Trump, sobre un posible acuerdo nuclear inminente. Desde Teherán, Baghaei desmintió los rumores que sugerían que el país había aceptado entregar su uranio a cambio de alivio económico, calificando tales versiones como maniobras mediáticas infundadas dentro del marco de las negociaciones en Islamabad.
Para la República Islámica, el uranio no es solo un recurso técnico, sino un pilar de su soberanía nacional. Aunque el gobierno ha dejado entrever que el nivel de enriquecimiento —actualmente cercano al 60%— podría ser un tema de discusión, la permanencia física del material en territorio iraní es innegociable. Con esta firme determinación, Irán condiciona cualquier avance en las conversaciones de paz al levantamiento total de las sanciones, estableciendo un desafío crítico para la comunidad internacional en su intento por limitar el programa nuclear persa.



