
En un movimiento que sacude los cimientos de la geopolítica energética, Emiratos Árabes Unidos (EAU) anunció este martes su salida definitiva de la OPEP. La decisión, que se hará efectiva este mismo viernes, pone fin a casi seis décadas de permanencia en el cártel y representa un duro golpe a la influencia de la organización sobre el control de los precios globales del combustible.
El gobierno emiratí justificó su salida argumentando que las cuotas de producción impuestas por el grupo limitan injustamente su capacidad de exportación. Con el objetivo de alcanzar una producción de cinco millones de barriles diarios para 2027, el ministro de Energía, Suhail al Mazrouei, aseguró que el país busca libertad para satisfacer la demanda global sin restricciones externas. «El mundo necesita más recursos y no queremos vernos limitados por ningún grupo», afirmó.
Aunque la salida tiene un impacto inmediato moderado debido al cierre del estrecho de Ormuz por el conflicto regional, a largo plazo se prevé una mayor volatilidad en los precios. Esta ruptura también evidencia el distanciamiento con Arabia Saudita, líder del bloque, marcando una nueva etapa donde los EAU priorizarán sus intereses nacionales y sus propias alianzas estratégicas en el mercado energético mundial.



