
En un movimiento diplomático de alto impacto, el régimen de Teherán ha respondido a la propuesta de paz de Estados Unidos con un pliego de condiciones que redefine el tablero geopolítico. A través de la mediación de Pakistán, Irán condicionó el fin de las hostilidades al levantamiento inmediato de las sanciones económicas de la OFAC, la reactivación de sus exportaciones petroleras y la liberación de activos congelados por 30 días.
El punto más polémico de la propuesta, difundida por la agencia Tasnim, es la exigencia de que Irán asuma la administración estratégica del estrecho de Ormuz. Esta vía marítima, vital para el 20% del petróleo mundial, ha sido el epicentro de recientes choques navales. Además, Teherán estableció como «línea roja» un alto el fuego en Líbano para proteger a Hezbollah antes de considerar cualquier diálogo sobre su programa nuclear.
La respuesta desde Washington ha sido contundente. El presidente Donald Trump rechazó de plano las exigencias iraníes a través de sus redes sociales, calificando la propuesta como «totalmente inaceptable». Mientras la tregua alcanzada en abril pende de un hilo, la Casa Blanca evalúa retomar las operaciones militares ante la negativa de Irán a discutir el enriquecimiento de uranio en esta fase preliminar.



