El misterio de los bracitos del «T. Rex» tiene respuesta

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Durante décadas, los diminutos brazos del Tyrannosaurus rex parecieron un chiste de la evolución, pero un nuevo estudio revela una historia mucho más brutal. Investigaciones de la University College London y la Universidad de Cambridge sugieren que estos depredadores apostaron todo a la fuerza de sus letales mandíbulas, dejando en segundo plano sus extremidades.

El análisis de 85 especies de terópodos demostró que este acortamiento ocurrió de forma independiente en cinco linajes distintos, como los tiranosaurios y abelisaurios. Existe una correlación directa: a cráneos más robustos y mordidas más potentes, brazos más pequeños. El T. rex obtuvo la puntuación más alta en resistencia craneal, seguido por el Tyrannotitan. Esta tendencia se mantuvo sin importar el tamaño, como se observa en el Majungasaurus, cinco veces más ligero que el T. rex.

La razón evolutiva apunta al tamaño de sus presas. Enfrentar a saurópodos gigantes de 30 metros requería sujetar y destrozar con la cabeza; usar las garras era inútil y energéticamente costoso. Al final, «la cabeza sustituyó a los brazos como método de ataque» en un claro ejemplo de «úsalo o piérdelo», aunque se estima que aún podían levantar más de 100 kilos.

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