
El panorama político de Chipre sufrió un fuerte sacudido este domingo tras las elecciones parlamentarias. El partido conservador DISY se alzó con la victoria al obtener el 27,3 % de los votos, seguido de cerca por el comunista AKEL con un 23,8 %. Sin embargo, el dato más alarmante de la jornada es el drástico desplome del respaldo legislativo hacia el presidente Nikos Jristodulidis.
De las tres formaciones que apoyan al Ejecutivo, solo el Partido Democrático logró asegurar su entrada en la Cámara de Representantes. Este escenario vaticina una gestión sumamente compleja para el mandatario, quien ahora tendrá serias dificultades para lograr el consenso necesario en la aprobación de leyes y presupuestos clave.
Por otro lado, la extrema derecha consolidó un avance histórico. El partido ultranacionalista ELAM duplicó sus escaños al alcanzar el 10,9 % de los sufragios, una situación que ya genera profunda inquietud internacional por su posible impacto negativo en las estancadas negociaciones para reunificar la isla, dividida desde 1974. Con un sistema marcadamente presidencialista, Jristodulidis mantendrá su cargo, pero gobernará en un entorno legislativo mucho más hostil y fragmentado.



