El auge de la inteligencia artificial pone en riesgo las metas climáticas de los gigantes tecnológicos

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El acelerado desarrollo de la inteligencia artificial generativa refleja el enorme desafío energético que enfrenta la industria tecnológica actual. Esta tecnología requiere una cantidad de energía y agua significativamente mayor que las búsquedas en la web o el almacenamiento de datos tradicionales.

El procesamiento de los modelos de lenguaje consume megavatios de forma masiva en los centros de datos, lo que dispara la huella de carbono debido a la construcción de nueva infraestructura y al uso de las redes eléctricas locales.

Además, el impacto ambiental se extiende a los sistemas de refrigeración de los servidores, los cuales evaporan millones de litros de agua para evitar el sobrecalentamiento de los equipos. Esta situación pone en jaque los compromisos climáticos de grandes empresas como Google y Amazon, que se habían fijado metas de neutralidad de carbono para los años 2030 y 2040 respectivamente.

El auge de la inteligencia artificial ha ralentizado notablemente sus avances ecológicos. Para mitigar el impacto, las corporaciones se ven obligadas a buscar nuevas fuentes de energía limpia a gran escala, contemplando opciones como la energía nuclear y la firma de acuerdos de compra de energía renovable para abastecer la demanda de sus servidores.

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