
A nueve días del devastador doble terremoto en Venezuela, la lenta recuperación de cadáveres genera una profunda exasperación e incertidumbre entre los ciudadanos. El balance oficial ya supera los 2,600 fallecidos tras los sismos de magnitud 7.2 y 7.5, concentrándose los mayores daños en La Guaira y Caracas. Las brigadas internacionales y locales han comenzado a cerrar la búsqueda de sobrevivientes al agotarse el tiempo estándar de supervivencia.
Las familias afectadas denuncian una severa falta de maquinaria y de apoyo gubernamental para remover escombros. Ante la descomposición de los cuerpos y la escasez de cámaras frigoríficas, los vecinos han tenido que esparcir cal sobre las ruinas para mitigar los fuertes olores. Además, en el puerto de La Guaira se habilitó una morgue improvisada al aire libre, donde cientos hacen largas filas esperando recibir las actas de defunción y los restos de sus seres queridos.
La magnitud de esta crisis es incalculable. Aunque el gobierno registra casi 13,000 personas sin hogar, la ONU estima que la cifra de desaparecidos podría alcanzar los 50,000. Con aproximadamente 58,000 edificios destruidos o dañados, equipos internacionales continúan sumando maquinaria pesada para intentar acelerar el levantamiento de las estructuras colapsadas.



