
El conflicto armado entre Estados Unidos e Irán ha intensificado los ataques contra buques petroleros, provocando nuevas interrupciones en las exportaciones de energía del Golfo Pérsico. A pesar de los meses de bombardeos estadounidenses, Irán mantiene su capacidad para desestabilizar el estrecho de Ormuz, una vía clave por donde transitaba el 20 % del petróleo y gas licuado mundial antes del inicio de la guerra, el pasado 28 de febrero de 2026.
El tráfico marítimo prácticamente se detuvo esta semana debido a ataques iraníes con misiles y drones que también alcanzaron instalaciones militares en Baréin, Kuwait y Jordania. En respuesta, la administración estadounidense reactivó el bloqueo naval a los puertos de Irán y revocó los permisos para la venta abierta de su crudo. El incremento de las hostilidades sepultó de forma definitiva el acuerdo preliminar de alto el fuego que se había pactado el 17 de junio de 2026.
Ante el peligro, los productores de petróleo buscan desesperadamente alternativas terrestres que eviten la zona. No obstante, las empresas de gestión de riesgos advierten que la capacidad de los oleoductos existentes en Arabia Saudí o los Emiratos Árabes Unidos es modesta y que Irán planea sabotear cualquier infraestructura alternativa bajo la consigna de que, si ellos no exportan, nadie en la región lo hará.



