
Nuevas oleadas de ataques con misiles y drones de largo alcance entre Rusia y Ucrania cobraron la vida de al menos 12 personas en ambos lados de la frontera. En Ucrania, el bombardeo ruso impactó la planta siderúrgica ArcelorMittal en Kriví Rih, causando la muerte de dos trabajadores y paralizando parcialmente la producción.
Moscú justificó la acción alegando que el objetivo eran instalaciones vinculadas a la fabricación de los misiles de crucero ucranianos «Flamingo». El conflicto se intensifica en la infraestructura profunda, lejos del frente de batalla.
Además de las bajas en Kriví Rih, se registraron muertes en Zaporiyia y Sumy, mientras que misiles balísticos provocaron incendios en Kiev y destruyeron un histórico mercado de libros. En respuesta, Ucrania lanzó una masiva ofensiva con más de 150 drones, causando cinco muertos en la región rusa de Rostov y dos más en Bélgorod y Moscú.
Los ataques dañaron plantas de energía y almacenes de Wildberries. Coincidiendo con esta escalada, el presidente ucraniano Volodímir Zelenski confirmó el uso exitoso de misiles «Flamingo», de fabricación nacional, para atacar el Centro Espacial de Cohetes Progress en Samara, a 900 kilómetros de la frontera.



