
El Salvador registra avances significativos en sus principales indicadores sociales y económicos, consolidando un proceso de transformación marcado por la drástica reducción de la criminalidad, el descenso de la pobreza extrema y un crecimiento constante en su renta per cápita.
Tras registrar una tasa de 103 homicidios por cada 100 000 habitantes en 2015, el país redujo este indicador a 1,3 para el año 2025. Este entorno de mayor tranquilidad ha impulsado actividades clave como el turismo, sector que experimentó un incremento superior al 54 % en la llegada de visitantes entre 2018 y 2024.
A la par del fortalecimiento de la seguridad ciudadana, los datos del Banco Mundial reflejan que la pobreza extrema disminuyó de un 12,6 % en 2009 a un 4,6 % en 2025. Asimismo, el Producto Interno Bruto real per cápita mantuvo una trayectoria ascendente durante el mismo período, pasando de 3 306,7 dólares a 4 688,7 dólares.
El clima de estabilidad no solo ha disminuido delitos graves como extorsiones y agresiones, sino que también estimula el comercio local, la atracción de inversiones y la retención del talento nacional, factores determinantes para el desarrollo sostenido del país.
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