Con una histórica asistencia, el mundo le dio el último adiós al pontífice.

El funeral del Papa Francisco, fallecido el 21 de abril de 2025 a los 88 años por un ictus y colapso cardiovascular, se celebró el 26 de abril en la Plaza de San Pedro, Vaticano, marcando un evento histórico con una asistencia masiva y la presencia de líderes mundiales.
La misa exequial, presidida por el cardenal Giovanni Battista Re, decano del Colegio Cardenalicio, comenzó a las 10:00 a.m. (hora de Roma) y siguió el rito simplificado dispuesto por el propio Francisco en 2024, eliminando los tres féretros tradicionales por un único ataúd de madera con interior de zinc, colocado al ras del suelo como gesto de humildad.




Más de 200,000 personas abarrotaron la plaza y sus alrededores, con pantallas gigantes para seguir la ceremonia, mientras 400,000 asistieron en total al funeral y traslado, según reportes.
Asistieron 182 delegaciones oficiales, incluyendo 50 jefes de Estado, 10 monarcas y líderes como Donald Trump, Javier Milei, Luiz Inácio Lula da Silva, Emmanuel Macron, Volodímir Zelenski, y los reyes Felipe VI y Letizia de España. La liturgia, transmitida en 15 idiomas por Vatican News, incluyó lecturas en varios idiomas y un ambiente de «cariño» descrito por asistentes.
Tras la misa, el féretro recorrió 6 km por Roma, pasando por lugares icónicos como el Coliseo, hasta la Basílica de Santa María la Mayor, donde Francisco fue inhumado en una ceremonia privada, cumpliendo su deseo de descansar en este santuario mariano con una tumba sencilla inscrita solo con “Franciscus”.
Italia desplegó un imponente operativo de seguridad con 4,000 agentes, francotiradores, unidades antidrones y patrullas en el río Tíber. En Buenos Aires, se realizaron actos conmemorativos, como una misa en la Catedral Metropolitana y una peregrinación en Plaza de Mayo.
La tumba en Santa María la Mayor abrió al público el 27 de abril. El funeral reflejó el legado de Francisco como “Papa del pueblo”, cercano a los marginados, con gestos como la presencia de personas trans, migrantes y pobres en la escalinata de la basílica



