
Un metaanálisis publicado en el Journal of Epidemiology & Community Health por la Universidad Queen’s de Belfast revela que la exposición a contaminantes atmosféricos aumenta significativamente los pensamientos suicidas y la mortalidad por esta causa.
El equipo de investigación analizó decenas de trabajos sobre contaminación del aire, acústica, lumínica e hídrica. Sus conclusiones confirman una relación estadísticamente significativa entre el riesgo de conducta suicida y las partículas finas en suspensión, así como el dióxido de nitrógeno.
Los científicos explican que inhalar estas sustancias tóxicas o agua con metales pesados genera inflamación crónica y daño neuronal, afectando directamente la regulación del estado de ánimo y la resistencia al estrés. Asimismo, el ruido ambiental constante incrementa los niveles de depresión al alterar el sueño y propiciar un estado de estrés crónico.
Ante una problemática que causa más de 720.000 muertes al año en todo el mundo, los autores instan a no limitar la prevención al ámbito clínico. El informe exige incorporar la salud ambiental y el diseño urbano en las políticas públicas de salud mental. Reducir la emisión de gases contaminantes en las ciudades se perfila como una estrategia indispensable para proteger el bienestar emocional de la población.



