
Las principales potencias espaciales como Estados Unidos, China, Rusia e India han iniciado una ambiciosa competencia no solo para enviar astronautas de regreso a la Luna, sino para establecer colonias permanentes y explotar sus recursos minerales.
Entre las propuestas más innovadoras destaca el plan chino de desplegar perros robóticos para la edificación de bases. Sin embargo, el principal desafío para garantizar la sostenibilidad humana en el satélite sigue siendo la escasez de agua.
Aunque existen reservas de hielo en los cráteres eternamente ensombrecidos de los polos lunares, un reciente estudio publicado en Frontiers in Space Technologies por los astrofísicos Martin Elvis y Jonathan McDowell advierte sobre sus serias limitaciones. Incluso bajo el escenario más optimista y aplicando un sistema de reciclaje del 98% de eficiencia, una ciudad lunar de un millón de habitantes agotaría sus reservas hídricas en apenas un siglo.

Si las estimaciones de agua resultan ser menores, urbes más pequeñas colapsarían en tan solo una década.
En el ámbito energético la viabilidad parece resuelta mediante paneles solares instalados en los bordes iluminados de los cráteres.
No obstante, para concretar los proyectos de asentamientos masivos ideados por multimillonarios como Elon Musk y Jeff Bezos, la humanidad deberá descubrir nuevos yacimientos de agua o recurrir a la importación desde asteroides cercanos.


