
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó una orden ejecutiva para eximir a Rusia de sanciones y aranceles sobre su sector energético, aprobados previamente por el Congreso. La medida reviste un giro drástico en la política exterior de Washington y surge tras concretar un polémico acuerdo con su homólogo ruso, Vladimir Putin, mediante el cual Moscú se compromete a abastecer de diésel tanto el mercado estadounidense como el global a cambio de dicho alivio.
La decisión gubernamental se aparta de la Ley Lindsey Graham, la cual otorgaba facultades al mandatario para imponer aranceles de hasta el cien por ciento a los principales compradores de hidrocarburos rusos. La normativa original buscaba castigar directamente a altos funcionarios del Kremlin, así como a las industrias de defensa y energía, incluyendo la flota clandestina de petroleros utilizada para sortear las restricciones occidentales.
Esta reconciliación comercial ha generado profundas tensiones geopolíticas, deteriorando de manera significativa las relaciones diplomáticas entre Washington y Kiev. El presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, condenó públicamente el pacto, en un escenario donde las fuerzas de Ucrania decidieron intensificar y reanudar las ofensivas militares contra refinerías estratégicas en territorio ruso, avivando la incertidumbre regional.



