
Desde el 8 de marzo, la mayoría de los habitantes en Estados Unidos deberán adelantar sus relojes una hora al dar las 2:00 a.m., marcando el inicio del daylight saving time. Aunque esta práctica busca maximizar la luz solar y reducir el consumo energético, el ajuste de «perder una hora» de sueño genera cada año un intenso debate sobre la salud y la utilidad del sistema.
Excepciones y marco legal
El cambio es obligatorio bajo el Standard Time Act de 1918, pero no es universal. Hawái, la mayor parte de Arizona y territorios como Puerto Rico y Guam mantienen su horario fijo. Este año, el debate legislativo cobra fuerza con el proyecto Daylight Act of 2026, que propone una alternativa curiosa: ajustar el reloj solo 30 minutos en lugar de una hora completa para mitigar el impacto biológico.
Impacto en la salud
Expertos médicos advierten que la privación de sueño eleva las hormonas del estrés. Durante los primeros días tras el cambio, se registra un ligero incremento en el riesgo de infartos y accidentes cerebrovasculares. Para adaptarse mejor, se recomienda:
- Adelantar la hora de dormir 15 o 20 minutos los días previos.
- Exponerse a la luz natural al menos 15 minutos al despertar.
- Mantener una rutina de sueño constante y evitar el alcohol.
El horario de verano se extenderá hasta el 1 de noviembre de 2026, cuando los relojes volverán a retrasarse.



