
La elección de la última comida del día juega un papel determinante en la calidad del sueño. Especialistas señalan que consumir alimentos ricos en triptófano, magnesio y melatonina relaja el organismo y ayuda a regular el reloj biológico. Incorporar un refrigerio adecuado antes de acostarse facilita conciliar un descanso reparador.
Entre las principales opciones recomendadas destacan el kiwi y las cerezas ácidas en jugo, ambas fuentes naturales que estimulan la producción de serotonina y melatonina, reduciendo las interrupciones nocturnas. Asimismo, un puñado de nueces aporta magnesio y ácidos grasos omega-3 que calman el sistema nervioso y disminuyen la tensión muscular.
Por otra parte, los lácteos ligeros como el yogur o la leche tibia entregan calcio y triptófano, una combinación fundamental para que el cerebro sintetice las hormonas del sueño. Finalmente, el pescado graso —como el salmón o el atún— optimiza la recuperación física nocturna gracias a su alto contenido de vitamina D.
Para maximizar estos beneficios, los expertos sugieren realizar la cena principal tres horas antes de ir a la cama y reservar estos snacks para 30 a 60 minutos antes de dormir, manteniendo una rutina libre de pantallas.



