
Al alcanzar las tres décadas de vida, el cuerpo humano llega a su pico máximo de masa ósea e inicia una pérdida paulatina de tejido. Para frenar este desgaste silencioso, prevenir la osteoporosis y mitigar el riesgo de fracturas, los especialistas recomiendan adoptar hábitos preventivos en la rutina diaria.
La nutrición desempeña un pilar clave en la protección del esqueleto. Resulta indispensable asegurar un aporte adecuado de calcio mediante lácteos, frutos secos y vegetales de hoja verde, complementado con vitamina D para garantizar su correcta absorción. Esta última se obtiene con exposición solar moderada y el consumo de pescados grasos o huevo.
Asimismo, la actividad física constante resulta fundamental. El entrenamiento de fuerza, la elevación de pesos y ejercicios de impacto moderado como caminar o subir escaleras estimulan la generación de tejido óseo. Por otro lado, mejorar el equilibrio mediante disciplinas como el yoga ayuda a prevenir caídas accidentales.
Finalmente, el estilo de vida influye directamente en la densidad del hueso. Es decisivo evitar el tabaquismo, moderar el consumo de alcohol, café y sodio, además de mantener un peso corporal adecuado y realizarse chequeos médicos periódicos como la densitometría ósea.



