
El cometa interestelar 3I/ATLAS, el tercer objeto de este tipo confirmado en visitar nuestro sistema solar, ha sorprendido a la comunidad astronómica con un inesperado y notorio resplandor verde.
Este fenómeno fue capturado por el telescopio Gemini Norte, ubicado en la cima de Maunakea en Hawái, después de que el cometa hiciera un fugaz acercamiento al Sol. El brillo verdoso es una característica relativamente común en los cometas de nuestro sistema solar, lo que refuerza la idea de que 3I/ATLAS es un objeto natural, aunque con una historia evolutiva única.
Los análisis han revelado que la coloración se debe a la presencia de **carbono diatómico (C₂) **, una molécula que se descompone y emite luz verde cuando es calentada por la radiación solar.
Además del resplandor, el cometa ha mostrado una actividad inusual, «despertándose» antes de lo esperado. Este aumento de temperatura ha provocado la expulsión de chorros de vapor y partículas, permitiendo a los científicos, con la ayuda de instrumentos como el telescopio ALMA, estudiar su composición.

Uno de los hallazgos más resonantes es la abundante presencia de metanol (CH3OH) y cianuro de hidrógeno, dos moléculas cruciales en la química prebiótica. La tasa de expulsión de metanol de 3I/ATLAS cuadruplica las proporciones habituales en los cometas locales, sugiriendo un entorno químico de origen distinto al de los cometas de nuestro propio sistema.
Se estima que 3I/ATLAS podría tener más de 7 mil millones de años, lo que lo haría más antiguo que el propio sistema solar. Actualmente, el cometa avanza hacia su máximo acercamiento a la Tierra, previsto para el 19 de diciembre, ofreciendo una oportunidad única para la observación y el estudio coordinado por observatorios terrestres y misiones espaciales como el Hubble y el James Webb. Los astrónomos buscan descifrar los secretos que este raro viajero interestelar podría guardar sobre la formación de los primeros sistemas estelares de la galaxia.



