
Sentirte «feo» no suele ser un problema de espejo, sino de mente. La mayoría de las personas que se sienten así están comparándose constantemente con estándares irreales de redes sociales, donde todo es filtro, luz perfecta y edición. El primer paso es aceptar una verdad incómoda pero liberadora: nadie está pensando tanto en ti como tú crees. Los demás están demasiado ocupados con sus propios complejos.
Pasos prácticos que sí funcionan:
- Limita las redes sociales: Desinstala TikTok e Instagram por 30 días. Verás cómo baja drásticamente la ansiedad por tu apariencia.
- Cambia el foco: En vez de preguntarte “¿me veo bien?”, pregúntate “¿estoy siendo útil, amable o auténtico?”. La gente recuerda cómo la haces sentir, no el tamaño de tu nariz.
- Cuida tu cuerpo por salud, no por likes: Ejercicio, buena alimentación y sueño te dan postura, energía y piel sana. Eso se nota más que cualquier “defecto”.
- Rodéate de gente que te valore por quién eres: Si alguien te hace sentir menos solo por tu físico, esa persona no merece tu tiempo.
- Terapia o coaching: A veces el rechazo viene de heridas viejas (bullying, comentarios familiares). Hablarlo con un profesional acelera el proceso.
La belleza real es confianza + calidez humana. Cuando dejas de esconderte, la gente deja de notar lo que tú considerabas “defectos”. Empieza hoy: mírate al espejo y di en voz alta una cosa que SÍ te gusta de ti. Repítelo diario. En unas semanas, creerás lo que dices.
Tu valor nunca dependió de tu cara. Depende de lo que decides hacer con ella.



