
En una ceremonia sin precedentes en la Catedral de Canterbury, Dame Sarah Mullally ha hecho historia al convertirse en la primera mujer en ocupar el cargo de Arzobispo de Canterbury, rompiendo una tradición masculina de más de 1,400 años. Ante una congregación de 2,000 personas, incluidos los Príncipes de Gales, la nueva líder marcó el inicio de su ministerio con un mensaje de profunda autocrítica y responsabilidad social.
Durante su sermón, Mullally subrayó la urgencia de no ignorar a las víctimas de abusos dentro de la institución. En clara referencia a los fallos que forzaron la dimisión de su predecesor, Justin Welby, en 2024, la arzobispa enfatizó:
«No debemos minimizar el dolor de quienes han sido perjudicados por las acciones u omisiones de nuestras propias comunidades cristianas».
Más allá de los asuntos internos, su discurso tuvo un fuerte carácter global. Lamentó la ausencia de líderes anglicanos debido al conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán, y pidió por la paz en Ucrania, Sudán y Myanmar.
Mullally, cuya trayectoria previa como enfermera fue homenajeada con la presencia de cuidadores en el templo, reconoció el peso de su nombramiento 32 años después de que se permitiera la ordenación de mujeres. Pese a la oposición de sectores conservadores en la Comunión Anglicana, su mensaje final fue de unidad y compromiso con la justicia.



