
El panorama geopolítico global se ha visto sacudido tras la confirmación del secretario de Estado, Marco Rubio, sobre el renovado interés del presidente Donald Trump por adquirir Groenlandia. Durante una sesión informativa ante el Congreso, Rubio reveló que la Casa Blanca está elaborando un plan actualizado para formalizar la compra de este territorio autónomo, actualmente bajo la administración de Dinamarca.
La administración Trump argumenta que esta adquisición es una prioridad de seguridad nacional. La ubicación estratégica de la isla es vista como una pieza clave para frenar la expansión de la influencia rusa y china en la región del Ártico. Sin embargo, la propuesta ha desatado una tormenta diplomática sin precedentes. La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, ha sido tajante al rechazar la oferta, advirtiendo incluso que acciones coercitivas podrían poner en riesgo la existencia de la OTAN.
El respaldo europeo hacia Copenhague ha sido unánime; potencias como Francia y Alemania han reafirmado que Groenlandia no está a la venta y que su soberanía reside en su propio pueblo. A pesar de este muro diplomático, el entorno de Trump, incluyendo al asesor Stephen Miller, no ha de



