
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ordenó a su secretario del Tesoro, Scott Bessent, suspender de inmediato todo el comercio y las visitas oficiales con España. El mandatario calificó al país europeo como un «socio terrible» y una «causa perdida» durante la cumbre de la OTAN en Ankara, Turquía.
La drástica medida responde a la negativa de Madrid de elevar su gasto en defensa al 5% del Producto Interno Bruto (PIB) y a las restricciones previas impuestas en las bases militares de Rota y Morón durante el conflicto con Irán.
Ante las acusaciones de hostilidad por parte de Washington, el Gobierno de Pedro Sánchez y la Unión Europea reaccionaron con calma. Fuentes de La Moncloa recordaron que Estados Unidos mantiene un superávit comercial con España, por lo que una ruptura dañaría más los propios intereses norteamericanos.
Asimismo, la Comisión Europea advirtió que la política comercial es competencia exclusiva del bloque, impidiendo que Washington sancione de manera aislada a un país miembro. Por su parte, el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, intentó mediar recordando que España ya alcanzó el 2% del PIB en gasto militar, un esfuerzo que no logró calmar el descontento de Trump.



