
El 2025 será recordado en los libros de historia como el año en que el conflicto más enquistado del siglo XXI dio un giro sísmico. Tras un inicio de año marcado por la incertidumbre y el colapso de una tregua inicial en marzo, el regreso de Donald Trump a la mediación directa culminó en octubre con el anuncio de un ambicioso, aunque polémico, plan de paz de 20 puntos.
La cronología del éxito diplomático se aceleró tras el ultimátum que Trump lanzó en septiembre. El 9 de octubre, en una cumbre histórica en Egipto, representantes de Israel y facciones de Gaza firmaron el marco para un «fin integral de la guerra». El acuerdo logró lo que parecía imposible: la liberación de los últimos rehenes vivos el 13 de octubre y el establecimiento de una zona de desradicalización supervisada internacionalmente.
A diferencia de intentos anteriores, el enfoque de 2025 ha sido marcadamente económico. Trump ha promovido la transformación de la Franja en la «Riviera de Oriente Medio», impulsando una zona económica especial con inversión extranjera masiva. Sin embargo, el año cierra con desafíos críticos: la desmilitarización total de Hamás sigue siendo un punto de fricción y la implementación de la «Fase 2» del plan enfrenta la resistencia de sectores que cuestionan la soberanía territorial a largo plazo.
A pesar de las críticas por su estilo unilateral, el «Método Trump» ha logrado silenciar las armas tras casi dos años de hostilidades ininterrumpidas. Mientras el mundo celebra el fin de los bombardeos masivos, la pregunta para 2026 es si esta paz, cimentada en el pragmatismo económico y la presión arancelaria, podrá transformarse en una estabilidad democrática duradera para palestinos e israelíes por igual.
Dato Clave: El plan de 2025 incluyó la liberación de más de 1,700 prisioneros palestinos y el compromiso de Israel de no anexar territorios en la Franja



