
Este 13 de enero, El Salvador recuerda con solemnidad el 25.º aniversario del terremoto que cambió para siempre la geografía y la historia del país. Aquel sábado de 2001, a las 11:33 a. m., un sismo de magnitud 7.6 con epicentro frente a la costa de Usulután sacudió todo el territorio nacional, dejando una estela de dolor y destrucción.
La tragedia de Las Colinas
El símbolo más desgarrador de esta catástrofe fue el alud de tierra en la cordillera del Bálsamo, que sepultó la residencial Las Colinas, en Santa Tecla. Solo en este sector se perdieron cientos de vidas, convirtiéndose en el epicentro del luto nacional. A nivel país, el sismo dejó más de 900 fallecidos, miles de heridos y cerca de 200,000 viviendas destruidas, afectando gravemente la infraestructura y la economía.

Un legado de resiliencia
A un cuarto de siglo de la tragedia, la fecha sirve para reflexionar sobre la vulnerabilidad del territorio y los avances en materia de gestión de riesgos. El 13 de enero, seguido por el segundo terremoto del 13 de febrero de ese mismo año, marcó un antes y un después en la cultura de prevención de los salvadoreños. Hoy, el país rinde homenaje a las víctimas reafirmando el compromiso con la construcción de estructuras más seguras y sistemas de respuesta más eficientes ante los desafíos de la naturaleza.










