
El verano salvadoreño no solo se siente en el calor del sol; se manifiesta en una explosión cromática que transforma el paisaje. Cada año, el Cortez Blanco y el Maquilishuat irrumpen en calles, plazas y carreteras, convirtiendo lo cotidiano en postales vivas que despiertan el orgullo y la memoria colectiva.


Un Paisaje de Identidad
El Maquilishuat (Tabebuia rosea), nuestro Árbol Nacional, tiñe de rosado barrios enteros. Sus pétalos caen como lluvia colorida, creando alfombras naturales que obligan a los transeúntes a detenerse y admirar la belleza de su floración breve pero intensa. Es, para muchos, la promesa anual de que el verano ha llegado con toda su fuerza.


El Brillo del Verano
A su lado, el Cortez Blanco (Tabebuia chrysantha) despliega su manto amarillo brillante, iluminando las cordilleras y avenidas como si el mismo sol brotara de la tierra. Estos árboles no son solo ornamentales; son protagonistas de recuerdos familiares y escenarios de fotografías que capturan la esencia del país.
Bajo su sombra, El Salvador recuerda que, incluso en la temporada más seca, la naturaleza tiene la capacidad de florecer con elegancia, recordándonos la resiliencia y la belleza de nuestra tierra.
¡El Salvador se viste de gala! 🇸🇻✨ El Cortez Blanco florece con un amarillo vibrante, transformando nuestros paisajes en oro puro. 🌼💛
— ELBOLETÍNSv (@ElBoletinSV) February 19, 2026
¡Momento perfecto para capturar la magia de nuestra naturaleza! 📸🔥 #ElSalvador #Naturaleza #CortezBlanco #diasporasv #lifestyle pic.twitter.com/SBCA5dTw78



