
Este 13 de febrero se conmemora un cuarto de siglo del devastador sismo que sacudió a El Salvador en 2001, apenas un mes después de la tragedia de enero. Aquel martes, a las 8:22 a. m., la tierra volvió a rugir con una magnitud de 6.6 y epicentro en San Pedro Nonualco. Este segundo evento telúrico profundizó las heridas de una nación que aún intentaba asimilar el deslave de Las Colinas, ensañándose esta vez con los departamentos de Cuscatlán, San Vicente y La Paz, donde el dolor se multiplicó entre escombros y pérdidas humanas.
El balance de víctimas fue desgarrador, registrando 315 fallecidos y más de 3,300 heridos. La destrucción material no fue menor: 57,008 viviendas colapsaron y más de un centenar de escuelas y hospitales sufrieron daños severos. Imágenes dolorosas, como la tragedia en una escuela de Candelaria, Cuscatlán, quedaron grabadas en la memoria colectiva. Sumado al sismo de enero, las pérdidas económicas ascendieron a 1,603.8 millones de dólares, lo que representó un impacto masivo del 12.1% del PIB salvadoreño de aquel año.


La vulnerabilidad del territorio se hizo evidente con réplicas constantes y nuevos eventos, como el sismo del 17 de febrero, que continuaron provocando deslizamientos en zonas ya críticas. Localidades como San Luis del Carmen y San Juan Tepezontes vieron desaparecer casi la totalidad de su infraestructura habitacional. Este periodo de crisis obligó al país a emprender un proceso de reconstrucción que duró años, transformando no solo el paisaje urbano y rural, sino también la normativa de construcción y los protocolos de emergencia nacional.

A 25 años de distancia, esta fecha trasciende el luto para convertirse en un recordatorio sobre la importancia de la prevención y la protección civil. El Salvador recuerda hoy a las víctimas con respeto, reconociendo la capacidad de su gente para levantarse frente a la adversidad. La historia de aquel 13 de febrero de 2001 sigue siendo una lección vigente sobre la fuerza de la naturaleza y la inquebrantable voluntad de un pueblo que decidió reconstruir su futuro sobre las cenizas del desastre.



