
La guerra entre Rusia y Ucrania ha registrado una nueva e intensa jornada de hostilidades con ataques dirigidos a infraestructuras críticas en ambos territorios. En las últimas horas, las fuerzas rusas lanzaron un bombardeo masivo con drones y proyectiles contra la región de Mikoláyiv, en el sur de Ucrania, afectando gravemente la red energética y de transporte. Este ataque provocó cortes de electricidad en diversas localidades y dejó al menos cinco civiles heridos. Simultáneamente, la zona portuaria de Odesa sufrió impactos en áreas residenciales del distrito de Primorsk.
Por su parte, Ucrania mantiene su estrategia de golpear la economía de guerra del Kremlin. Medios independientes reportaron explosiones en la refinería de Perm, situada en los Urales, a más de 1,500 kilómetros de la frontera. Aunque las autoridades locales guardan silencio, testigos informaron de columnas de humo y la activación de alarmas antiaéreas tras el impacto de drones ucranianos.

Mientras el Ministerio de Defensa ruso afirma haber interceptado 189 drones en 14 regiones, la realidad en el terreno muestra una vulnerabilidad creciente en las instalaciones de hidrocarburos rusas. Esta dinámica de ataques cruzados subraya una fase del conflicto donde los centros logísticos y energéticos se han vuelto los objetivos prioritarios de ambos bandos.



