
La detención de Mario Roberto Flores, también conocido como Alexis Flores, marca el fin de una búsqueda internacional que se extendió por más de dos décadas. El operativo, realizado en una zona montañosa del departamento de Lempira, fue posible gracias a la colaboración entre la Agencia Técnica de Investigación Criminal (ATIC) y el FBI. Flores era uno de los diez fugitivos más buscados por las autoridades estadounidenses, señalado por el secuestro, abuso sexual y asesinato de una niña de cinco años en Filadelfia durante el año 2000.
Tras el arresto, la Embajada de Estados Unidos en Tegucigalpa expresó su profundo agradecimiento a las autoridades hondureñas por su persistencia y profesionalismo. El caso, que permaneció abierto desde julio de 2000, dio un giro decisivo en 2017 cuando el FBI ofreció una recompensa de 250,000 dólares por información que condujera a su paradero. Este esfuerzo conjunto subraya el compromiso de ambos países en la lucha contra la impunidad y el fortalecimiento de la seguridad regional mediante la aplicación de la ley.
Actualmente, el proceso judicial se encuentra en una etapa crítica con la programación de la audiencia inicial de extradición para el próximo 16 de marzo. Un juez hondureño será el encargado de examinar la documentación remitida por la justicia norteamericana para determinar si se cumplen los tratados internacionales vigentes. Mientras se desarrolla este trámite legal, el acusado permanece bajo custodia, a la espera de una decisión que podría trasladarlo directamente ante el Tribunal Municipal de Filadelfia para enfrentar los cargos de máxima gravedad que se le imputan.
La captura de Flores no solo representa un avance significativo en un expediente que conmocionó a la opinión pública, sino que también dignifica la memoria de la víctima después de 25 años. La entrega definitiva del fugitivo a Pensilvania dependerá de la verificación de los requisitos legales y la equivalencia de los delitos en el marco jurídico hondureño. Con esta acción, Honduras reafirma su papel como un aliado estratégico en la persecución de criminales internacionales, cerrando un capítulo de incertidumbre para la justicia estadounidense.



